La Coctelera

LEGENDARIA V

LEGENDARIA V..... en brebes más información.

El duende, guardia senatorial de Ilerda

Como cagar duro

Por fin, por fin se ha terminado. Ha sido como cagar duro, que cuanto más cerca esta más duele pero solo piensas en el alivio de después. Pues ahora es después, por fin se ha terminado y es el momento del alivio. Pero aprovechando el símil vamos a seguir echando mierda y de paso hagamos un nuevo balance de daños, uno que haga saltar astillas, y por que no, que me desahogue un rato.

En principio ahora debería estar tranquilo y relajado pues se han terminado los exámenes y mi única preocupación debería ser con que mano rascarme la zona de incubar niños, pero hay que ponerse a currar ya si no quiero salir jodido en el próximo junio. Pero hay un problema muy común, faltan ganas de ponerse a estudiar. Si soy sincero lo que realmente me gustaría es tener un saco de arena que aporrear, dejarme la garganta gritando, explotar toda la rabia.

He estado pensando y he llegado a la conclusión de que quizás sea algo susceptible en periodo de exámenes, por que la verdad es que cosas que de normal no me habría percatado, en estos días, quías por la tensión o el poco sueño, me han tocado los cojones hasta hacerlos sudar. También puede ser que simplemente es que cuando mi cerebro necesitaba desconectar se valía de cualquier cosa para darle vueltas con tal de que no fueran ecuaciones ni formulas. Da igual la razón, solo que ese periodo han hecho saltar crispaciones ocultas, dobles sentidos y buscar la puñalada por la espalda. Más que la puñalada es el remate final al toro en la nuca, cuando después de torearlo ya aburre y el torero manda a otro para que haga el trabajo sucio y le de la puntilla, no ves que el publico esta impaciente y hay un nuevo toro apunto de salir.

Ni fue mía la intención ni asumo las consecuencias. Ni en mi mano esta el perdón ni me pesa la conciencia, solo que de nuevo estamos en un periodo de transición. Quizás sean ciertas esas ideas que me empiezan a surgir, quizás sea verdad que las amistades tiene un periodo de prueba de 6 meses, y pasados esos 6 meses, si no has pasado la prueba solo tienes que guardar el tíquet para poder devolverlo con contra rembolso garantizado. Pasados esos 6 meses la conversaciones de horas pasan a saludos incómodos por los pasillos o uso de frases predeterminadas para quedar bien sin que te importe una mierda la respuesta “¿Qué tal te va todo?”, “¿Cómo te han idos los exámenes?”, “¿Qué hiciste el sábado?”, “¡Ah, pues que guay no!”, “Bueno, me voy que tengo recados que hacer. Ya quedaremos para tomar algo ¿vale?”….y si me agobio incluso hasta contigo es porque YA NO CREO EN NADIE.

Quizás aun me quede más mierda por echar, pero alguien me dijo alguna vez que hay que siempre hay que dejar algo para después, que quede algo de magia aunque en este caso…. Así que me despido sin dedicárselo a nadie porque nadie lo leerá. Aunque si por alguna razón, tu que lo estas leyendo crees que es por eso que estas pensando, si es por eso, y si crees que es por ti, si es por TI.

El duende, No quiero ser como TU

Roy Scheider

Me acabo de enterar de que hoy a muerto el mitico jefe Brody de tiburón, aunque fueron muchas más las peliculas que hizo.

Frases como "Vamos a necesitar un barco más grande" o "Sonrie, maldita hija de puta" quedaran siempre en la memoria.

Reino de Aragón

Aragón también existe. A pesar de la manipulación histórica de tantos timadores y mangantes. Que sí, hombre, que ya era hora. Que en toda esta lista de “los más vendidos”, en este concurso inaudito de ignorancia, manipulación y mala fe a la hora de reinventar la Historia, uno está hasta la línea de flotación de oír siempre a los mismos, como si el resto hubiera oficiado de comparsas en la murga. Y hete aquí por fin que alguien reacciona como es debido, y dice venga ya, y decide que ya es hora de poner en su sitio a unos cuantos timadores y mangantes, de esos que les pagan pesebres a sus historiadores de plantilla para que descosan y vuelvan a coser la historia a medida, y luego la meten en los libros de texto y se montan unas películas que ya las hubiera querido Samuel Bronston. Eso mientras los que saben se callan, porque son unos mierdecillas, unos “vendidos”, o por el qué dirán, o porque les interesa. Y de ese modo terminamos viviendo en una España virtual, que no la conoce ni la madre que la parió. Así que olé los huevos de Aragón, o de quien decidiera montar la exposición Aragón, reino y corona, que no sé si andará por alguna parte ahora, pero que durante el mes de mayo estuvo abierta en Madrid. En toda esa mentecatez de la que hablaba antes -ahora resulta que existió un imperio catalán que hasta hace cuatro días pasó inexplicablemente inadvertido a los historiadores, o que los irreductibles vascos nunca se mezclaron en las empresas militares ni comerciales españolas- Aragón había estado mucho tiempo callado, pese a tener muchas cosas que decir, o que matizar, desde aquel lejano siglo onceno en que Ramiro I, contemporáneo del Cid, sentaba las bases de un reino que abarcaría Aragón, Valencia, las Mallorcas, Barcelona, Sicilia, Cerdeña, Nápoles, Atenas, Neopatria, el Rosellón y la Cerdaña, y terminó formando la actual España en 1469, gracias al enlace entre su rey Fernando II de Aragón e Isabel, reina de Castilla. Ése es el hecho cierto, y no lo cambian ni el mucho morro ni el reescribir la Historia; incluido el manejo exclusivista y fraudulento de las famosas barras que eran Senyal real no de un reino o territorio, sino de una familia o casa reinante que, como matizó Pedro IV en el siglo XIV, tiene Aragón como título y nombre principal. Casa reinante que absorbió a la casa de Barcelona, extinguida en 1150 por mutua conveniencia y deseo del titular de esta última, el conde Ramón Berenguer; que al casarse con Petronila, hija de Ramiro el Monje, rey de Aragón, adquirió como propio un linaje superior, pero renunciando al suyo, no titulándose más que princeps junto a su esposa regina; de modo que el hijo de ambos, ya con Barcelona incorporada a la corona, se tituló rey de Aragón, y nunca de Cataluña. Por suerte no todos los archivos han caído en manos de quien yo me sé -tiemblo al pensar qué será de ellos-, y aún quedan documentos donde comprobar lo evidente. Que por cierto, en cuanto a la propiedad histórica de las famosas barras, no está de más recordar que en 1285 la crónica de Bernard Deslot precisaba aquello de: «No pienso que galera o bajel o barco alguno intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragon, sino que tampoco creo que pez alguno pueda surcar las aguas marinas si no lleva en su cola un escudo con la enseña del rey de Aragón». Así que cómo me alegro, oigan, de que aquel digno y viejo Aragón olvidado, marginado, asfixiado por la perra política de este perro país, aún sea capaz de decir aquí estoy, desmintiendo a tanto oportunista y a tanto manipulador y a tanto mercachifle. Recordando que existió una corona aragonesa que constituyó el imperio más extenso del Occidente medieval, donde, bajo su nombre y sus barras, Aragón, Cataluña y Valencia compartieron aventuras, comercio, guerras e historia, enriquecieron sangres y lenguas con el latín, el catalán y el castellano, cartografiaron el mundo, construyeron naves, pasearon mercenarios almogávares y dominaron territorios que luego aportaron a lo que ahora llamamos España, con la manifestación de los fueros y libertades propios en aquella fórmula tremenda, maravillosa y solemne: el «si non, non» heredado de los antiguos godos, mediante el cual los nobles aragoneses -«que somos tanto como vos, y juntos más que vos»-, acataban la autoridad del rey de tú a tú, reconociéndolo sólo como «el principal entre los iguales». Por eso son buenas estas iniciativas y estas exposiciones y estas cosas. Son muy buenas, incluso higiénicas; y me sorprende que, como antídoto contra la manipulación y la desmemoria que están convirtiendo este lugar llamado España en una piltrafa y en una casa de putas insolidaria y estulta, no se les dediquen más esfuerzos, ocasiones y dinero. Por ejemplo, el que se ha utilizado en la imprescidible urgencia de sustituir La Coruña por A Coruña en los rótulos de las carreteras y auto-vías de toda España. Incluida, supongo, la N-340 a la altura de Chiclana.
Arturo Pérez Reverte

El juego de Ender

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-¿Estás bien, Andrew?

-Sí, señorita.

-Perderás el autobús.

Ender asintió con la cabeza y se levantó. Los demás chicos se habían ido. Algunos estarían

esperando, pero serían los malos. Su monitor no estaba encaramado en su nuca oyendo lo que él oía y viendo lo que él veía. Podrían decirle lo que quisieran. Ahora incluso podrían pegarle; nadie podría ya verlos y por lo tanto nadie acudiría en ayuda de Ender. El monitor tenía sus ventajas, y las echaría de menos.

Era Stilson, claro. No era más grande que la mayoría de los chicos, pero era más grande que

Ender. Y tenía a otros a su lado. Siempre los tenía.

-Eh,

-Tercero.

«No respondas. No hay nada que decir.»

-Eh, Tercero, te hablamos a ti. Tercero, eh, medio insector, te hablamos a ti.

«No sé qué responder. Diga lo que diga, empeorará las cosas. También las empeorará no

decir nada.»

-Eh, Tercero; eh, cagarro, te han cateado, ¿eh? Creías que eras mejor que nosotros, pero has

perdido tu pequeño pajarito, Tercero, tienes un vendaje en la nuca.

-¿Me vais a dejar pasar?- Preguntó Ender.

-¿Le vamos a dejar pasar? ¿Le dejaremos pasar?- Se echaron a reír.- Claro que te dejaremos pasar. Primero dejaremos pasar tu brazo, después pasará tu trasero, luego a lo mejor un trozo de la rodilla.

Los demás corearon «Has perdido el pajarito, Tercerito. Has perdido el pajarito, Tercerito.»

Stilson empezó a empujarle con una mano; alguien le empujó por detrás, hacia Stilson.

-¿A qué jugamos?- Dijo uno de ellos.

-¡Tenis!

-¡Ping−pong!

Esto no iba a acabar bien. Y Ender decidió que prefería no ser él quien acabara mal. Cuando

el brazo de Stilson volvió a extenderse para empujarle, Ender intentó agarrarle. Falló.

-Oh, me vas a pegar, ¿eh? Me vas a pegar, Tercerito.

Los que estaban detrás de Ender le sujetaron. Ender no tenía ganas de reírse, pero se rió.

-¿Quieres decir que hacen falta otros como tú para pegar a un Tercero?

- Nosotros somos personas, no Terceros, cara de cagarro. Tienes menos fuerza que un pedo.

Pero le soltaron. En cuanto lo hicieron, Ender soltó una patada alta y fuerte que dio a Stilson justo en el esternón. El chico cayó. Ender se quedó sorprendido; no había pensado tirar al suelo a Stilson de una patada. No se le ocurrió pensar que Stilson no había tomado en serio una pelea como ésa,que no estaba preparado para un golpe tan desesperado.

Por un momento, los otros retrocedieron y Stilson siguió en el suelo, inmóvil. Todos se preguntaban si estaba muerto. Ender, sin embargo, trataba de descubrir la forma de anticiparse a la venganza, de evitar que mañana le atacaran todos juntos. «Tengo que vencer ahora, y para siempre, o tendré que pelearme todos los días y cada vez será peor.»

Ender conocía las reglas nunca dichas de la guerra entre hombres, aunque sólo tuviera seis años. Estaba prohibido golpear al oponente caído indefenso en el suelo; sólo un animal lo haría.

Precisamente por eso se acercó al cuerpo inerme de Stilson y le dio otra patada en las costillas, con saña. Stilson soltó un gemido y rodó hacia el otro lado. Ender caminó en torno a él y le dio otra patada, en los genitales. Stilson no pudo emitir ningún sonido; se limitó a doblarse, y de sus ojos surgieron lágrimas.

Entonces Ender miró a los otros fríamente.

-Es posible que se os pase por la cabeza la idea de atacarme en grupo. Es probable que me dierais una buena paliza. Pero no olvidéis lo que hago con los que intentan hacerme daño. En adelante, os pasaríais el tiempo preguntándoos cuándo os agarraré y qué haré con vosotros. - Dio una patada a Stilson en la cara. La sangre de la nariz salpicó el suelo -. No será así -dijo Ender-. Será peor.

El juego de Ender

Orson Scott Card


El duende.

Agua bendita - ESDLA

El duende, "Peregrino gris, siempre estas a mi lado cuando te necesito."

Enemigo a las puertas

"Soy una piedra. No muevo ni un músculo. Lentamente, me pongo nieve en la boca, para que él no vea mi aliento. Me tomo mi tiempo, dejo que se acerque... apunto a sus ojos, muy suavemente mi dedo presiona el gatillo... mi pulso no tiembla, no tengo miedo. Ahora ya soy mayor."

El duende-kun

El puente de Otoño - Takashi Matsuoka


-Tú crees que conocer el futuro es lo contrario de conocer el pasado.
-Eso creo -dijo el señor del dominio.
-En realidad, son la misma cosa.
-Tonterías -dijo el señor -. El pasado es algo terminado. El futuro está por venir. ¿Cómo pueden ser lo mismo?
-Conociendo el pasado, ¿puedes cambiarlo?
-Por supuesto que no -dijo el señor.
-¿Y cómo podría el conocimiento de lo inevitable ser diferente del conocimiento de lo que ya ha sucedido?

Aki-no-hashi, 1311

El duende