Durante un tiempo pense en esciribir una serie de relatos sobre un mismo personaje (era una lastima que al final de todos siempre lo acabara matando) pero por desgracia, aunque el primero ha sido uno de los relato que más me ha gustado de los que he escrito, no conseguí continuar a partir del segundo. Asi que os dejo para que "disfruteis" el principio de lo que pudo haber sido algo muy bonito.

Y otros se condenan a dedicar versos a aquellas que les dieron fuego por dentro. Yo esperaré cuando llegue el momento no echarte de menos, no echarte de menos... - MAREA, como quiere tu abuelita

Vuelve a amanecer. Al parecer el sol nunca se cansa de salir. Todos los días empiezan con él. Poco ha poco se eleva por el horizonte, impasible, observando a la humanidad como se despereza. Para el todo el mundo es igual, sea rico, pobre, feliz, o maldito, tendrá que soportar el peso de su sombra hasta que la heladora muerte se apiade de su alma y no tenga que volver a humillarse ante su cegadora presencia. Ahí imponente en el cielo, espera volver ha reírse de nuestra existencia como hijo de los dioses es.

Como ya he dicho, vuelve ha amanecer, y como todos los días vuelvo a maldecir a la dama negra por volver a olvidarse de visitarme esta noche. Abro los ojos poco a poco y compruebo de nuevo mi existencia. La sangre, cada día mas contaminada de fruta fermentada, sigue corriendo por mis venas como si pretendiese enfrentarse a mi, pero no tengo fuerzas, ya no mas para luchar a favor de mi voluntad.

Después de los ojos va la boca, pastosa como siempre desde hace una eternidad. Una mezcla de sabores invade mi garganta de una forma salvaje y recuerdo ayer mi trágica perdida en el duelo de cervezas contras ese jovenzuelo, los años ya pesan y pienso el porque, por una moza de taberna que después de sacarle toda la pasta volvería a mi jergón por la noche, pero la cuestión no era la chica sino mantener el honor a los ojos de los demás. Dicen que el honor es lo ultimo que se puede perder, yo pienso que a veces es lo primero, lo pierdes nada mas nacer.

Mi mano repasa los rasgos de mi cara. No recuerdo haberme peleado ayer, pero tampoco recuerdo el color de mi pelo, así que podría ser posible. Solo un pequeño corte en la ceja al parecer fue el resultado de la noche y un poco de sangre seca sobre la cara mal afeitada. Convencido de estar mas o menos completo me levanto y observo mi cuarto. La peste a alcohol y a sudor lo invaden todo y sobre el lecho yace ella dormida. Los bucles de su negro pelo se amontonan en lo alto de sus pechos. Duerme como si no pasara nada, como si estuviera en un mundo perfecto, y me odio por sacarla de él pero ya cometí el error una vez, así que la despierto.

- Cuantas veces te he dicho que te vayas antes de que despierte, de que este sobrio y te vea a mi lado, y sobre todo, cuantas veces te he dicho que no me abraces. – en sus ojos veo todo lo que piensa. Se jura que no es verdad lo que digo mientras una lagrima se desliza por su mejilla. Se que soy duro con ella pero no hay vuelta atrás, le advertí que se alejara de mi y no quiso hacerme caso.

- Ayer... ayer por la noche... me dijiste que me querías.- me contesta - ¿Yo?. Mientes, yo no puedo querer, no tengo corazón. – sigo hurgando en su herida, haciéndola aun mas grande cada día que pasa. – Pero... tu nunca has amado, nunca has creído en las historias de los teatros. Antes eras un reconocido capitán, ¿tampoco entonces amaste?
– Y por fin lo dijo, la única cosa que sigue hiriendome porque nunca acabo de cicatrizar. A su corta edad ya sabe hacer su lengua mas eficaz que cualquier daga, y todo gracias a un buen maestro como yo.

Me sumerjo en una espiral de recuerdos y llego a aquellos años de final de la academia. Yo iba a ser un gran oficial como lo fue mi padre. Me habían prometido la flor y la nata y también con ella me codeaba, y fue allí donde la conocí. Nuestros ojos hablaron por nosotros y el resto del cuerpo nos acompaño. Cada noche cruzaba su jardín hasta su alcoba en el barrio más importante de la ciudad, en la casa del comerciante mas influyente de todo ese condado, y muchas noches tuve que saltar por la ventana. Con los años y con la fama llego la aceptación de su padre, y su veneno estaba ya tan dentro de mi que era imposible sacarlo. Los años pasaron poco a poco y ella procuraba mantenerme alejado de casa cuanto era posible en cualquier batalla, hasta que descubrí su engaño, en mi cama y con mi mayor confidente. Cuando le pedí explicaciones a punta de espada me apuñalo el corazón literalmente y yo acabe con ambos en el mismo instante, después no quedo mas que huir y no volver la vista atrás, hasta este momento.

-¿Qué si nunca ame preguntas?, ¿qué si nunca creí en las historias de los escritores?... hubo un tiempo que si que hice ambas cosas, pero acabo con esta cicatriz en mi pecho – le dije señalando una torcida s en él. – y ya nunca mas volveré a caer en ese engaño.- . Me vestí como pude sin mirarla otra vez. Tome mi espada y mi sombrero y la deje sola ahí, oía como sollozaba pero debía aprender como de cruel era la vida.

Abandone enjutado en la capa la posada y me dirige a los muelles. Si quería seguir viviendo en la taberna solo podía o casarme con la hija del tabernero o ganar dinero, a ella ya la tenía todas las noches en mi lecho y sabia, aunque no creía en ello, que ella estaba enamorada de mi y no dejaría de venir noche tras noche, así que porque complicarme mas la vida ¿no?. Hoy había vuelto a amanecer y por desgracia, no seria el ultimo día en hacerlo.

El duende a rayas, Semel Insanimus Omnis.